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domingo, 23 de febrero de 2014

Todo está en el Shimmy, la danza árabe

Hace unos días, unas mujeres se acercaron a ver nuestra clase de danza árabe. Eso es una novedad porque toma mucho que algunas se animen a mirar con el interés de inscribirse. A menudo veo a féminas de todas la edades mirarnos a la distancia mientras se proponen a entrar a una clase de Spinning o Aerobics, pero rara vez entran a nuestro salón. Miran los movimientos como si fueran increíbles y ellas no pudiesen hacerlos, algunas más comentan que jamás se atreverían a moverse de un modo tan seductor o atrevido. Puede que ellas no lo crean, pero la danza del vientre es un arte netamente femenino, tanto que incluso puede llegar a intimidar.

El raqs sharqi (danza del este o danza oriental) o raqs baladi (danza nacional) es  conocido en los países de habla hispana como "Danza del vientre", que a su vez deriva del término Belly Dance acuñado por Sol Bloom, director de espectáculos en la Exposición Universal de Chicago de 1893. Algunos estudiosos lo consideran una mala traducción, no obstante, perdura como denominación general del estilo de danza. ¿Quién puede culparlo cuando justo la forma en que las bailarinas mueven sus caderas y vientre definen a este arte? No se sabe mucho sobre el origen de tan misteriosa danza, aunque la teorías abundan. Lo cierto es que la Danza del Vientre pasó desapercibida para Occidente hasta el movimiento romántico de los siglos XVIII y XIX, cuando los orientalistas retrataban la exótica tierra y a sus mujeres. Es justo en ese entonces cuando bailarinas (en su mayoría egipcias) comienzan a mostrar la danza en exposiciones universales. Sus sensuales movimientos causaron escándalo en la sociedad e incluso fueron vetadas por "indecentes", eso sólo añadió a su mística, porque para el hombre no hay nada más sensual que lo prohibido. 

Más allá de lo que se despierta en el observador, los que defienden las teorías más místicas y esotéricas del origen de la danza la sitúan en el Antiguo Egipto. De acuerdo con ellos, se trata de la hija directa de la danza que ejecutaban las sacerdotisas de las diosas, también se ha dicho que se trataba de un entrenamiento para fortalecer el abdomen de las mujeres y ayudarlas a parir. En añadidura sería una danza lunar que se realizaba para absorber la energía del satélite y garantizar la fertilidad femenina.  Desde esa óptica no es raro que en Egipto persista la tradición de llevar a una bailarina (habitualmente con un candelabro o charola de velas) a las bodas para asegurar buena suerte, abundancia y prolífica descendencia a los recién casados. 



Si bien se trata de una versión muy romántica  y sin confirmación histórica a mí me gusta quedarme con esa imagen. No sólo porque con algo de imaginación las posturas de las bailarinas en la ilustraciones de tiempos de los faraones guarden ciertas similitudes con varias de la utilizadas en la Danza del Vientre moderna, sino porque más allá del "morbo" de alguno que otro espectador masculino, el Belly Dance de verdad es femenino hasta la médula. Es cierto que he visto a chicos con una hermosa habilidad de bailarlo (porque como siempre he dicho, cada quien debe hacer lo que le guste sin importar género, con más razón si es arte), pero es una belleza cuando puedes sentarte con tu maestra y compañeras a compartir ideas y consejos para mejorar tu técnica. O simplemente hablar de tu cuerpo con alegría y sin complejos. La danza consta de movimientos aislados, cuyo control es fundamental, debes ser capaz de mover la cadera y sólo la cadera sin que se mueva el torso, o de vibrar la piernas y mover los brazos sin que el pecho entre en la ecuación. Como artista marcial siempre me precié de conocer perfectamente mis músculos o articulaciones, pero la danza árabe me abrió toda una nueva perspectiva del cuerpo femenino, especialmente de mi vientre y sus músculos.

La danza árabe no sólo te ayuda a conocer mejor tu cuerpo, también te enseña a quererlo, aceptarlo. Veo el velo ondear frente a mí, ensayo las misteriosas formas de cubrir y descubrir mi rostro al ritmo de la música, me siento libre al dejar que mi melena suelta acompañe los movimientos de mi cabeza. Hay todo un arte en hacer movimientos fluidos, nos recuerda la maestra. La danza del vientre exige mucha coordinación, pero ante todo control del propio cuerpo. 

Imágenes:
Bailarina con velo rosa por  Joystick74