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viernes, 7 de diciembre de 2012

Imaginación serial, de como la TV también me ayudó a fantasear

Hay series que recuerdo de mi infancia o adolescencia, como una ávida lectora siempre me quejo del papel nocivo que la televisión puede tener, pero también fui una niña de los 80's y 90's, cuando -para bien o para mal- el televisor era una parte estructurada de la vida cotidiana, aunque no había  Internet. Además, como hija única sin hermanos con quienes jugar, cuando mis amigos no estaban disponibles ni mis padres con ánimo de dejarme salir a veces me refugiaba en mis libros, pero otras tantas en la TV. De esos tiempo hay caricaturas y series que rememoro con gran nitidez y otras que influyeron mucho en mi imaginación pero tenía olvidadas y no pude recuperar hasta que el Internet se volvió esa red de información mundial infinita y accesible desde casa. En esta lista quiero hablarles de esas joyas perdidas.

Pasaba los sábados en la tarde, allá en 1998, se llamaba "Las aventuras de Simbad" estaba basada en el marinero de las mil y una noches, pero además tenía a Maeve, una hechicera celta pelirroja que conjuntaba peligrosamente tres de mis obsesiones -brujas, Irlanda y los pelirrojos-. Con la tripulación de su barco "El Nómada", el capitán se enfrentaba a múltiples amenazas, entre ellas a la villana hechicera Rumina y su padre el mago Turok. Los efectos especiales eran malos, como solían serlo en la TV de ese entonces, pero adoraba los episodios llenos de magia y aventura de la serie, también me volvía loquita el romance entre Simbad y Maeve. Por desgracia problemas entre la producción y la actriz llevaron a que para la segunda temporada su personaje saliera del programa, la sustituyeron con una chica que me resultó indiferente. Ya no hubo una tercera. Yo fantasee mucho tiempo después, sobre como Maeve habría vuelto, desde luego había mucho romance con Simbad. Al paso de los años esas ideas me animarían a escribir mis primeros Fan-fics.



Un pueblo costero y misterioso, bastante oscuro, es el destino de Victoria Winters. Ella no sabe mucho de su pasado pero Collinsport la llama, allí trabajará para la familia Collins, los ricos del pueblo, quienes necesitan una institutriz para su hijo Daniel. Cuando el misterioso Barnabas Collins, un primo lejano de Inglaterra, se presenta en la mansión familiar nadie se imagina el oscuro secreto que un hombre tan guapo y educado lleva a cuestas...

Ahí empieza la historia de Sombras Tenebrosas (Dark Shadows) que se emitió en México durante el invierno de 1992, si no mal recuerdo. Adoraba la triste historia del vampiro Barnabas, además la serie viajaba al pasado y había escenas de época. En un papel secundario estaba el ahora chico dorado de la acción en Hollywood:  Joseph Gordon-Levitt (como el pequeño Daniel Collins). También aparece uno de mis más grandes amores platónicos adolescentes: Paul Adrien (que me flecharía en la serie de Highlander, unos años después). A mis tiernos siete u ocho años no tenía idea de que se trataba de un remake la famosísima Dark Shadows de los años 60, pero esta serie -que recientemente logré conseguir- con su única temporada, marcó mi imaginación de por vida. Me llevó a leer Drácula y a interesarme más por los vampiros. También incrementó mi debilidad por las brujas, con la archivillana Angelique.


La tenía perdida en algún sitio de mi memoria, tanto que sólo recordaba la primera escena romántica de Victoria y Barnabas. En ella ambos bailan minueto al ritmo de una cajita musical. Muchos años después nombraría a una de la protagonistas femeninas de mi propia historia como Victoria, justo en honor a la heroína de Dark Shadows. Ya más grande me enteraría que se trataba de un remake, e incluso vería a mi adorado Tim Burton hacerle homenaje en una de sus cintas.

Los inmortales caminan entre nosotros, son seres que por alguna maldición o inexplicable motivo no pueden envejecer ni morir por medios convencionales. A través de los tiempos, se enfrentan y eliminan entre ellos, decapitándose. Sólo puede quedar uno. Un grupo de humanos los vigilan, graban y documentan con la consigna de nunca intervenir. Así es como entendemos el mundo de Duncan MacLeod, del clan MacLeod. Originalmente, Highlander era un película (bueno una trilogía de ellas que se fue ampliando con el tiempo) la cual contaba la historia de Connor MacLeod. El guapísimo Paul Adrien con sus amigos inmortales, aunado a la magnífica música de Queen (creada especialmente para la película y retomada en la serie) hacían una de las más grandes delicias de mi infancia y adolescencia, por suerte para mí, esta fue una serie muy larga.


Con esas series y otras tantas transcurrían los fines de semana de mi infancia y adolescencia, creo que son muestra de que en ciertas formas la TV también puede inspirar la creatividad. Todo está en el observador.