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viernes, 16 de agosto de 2013

La sutil línea entre ''mujer fuerte'' y "sin emociones"

Lo que me lleva a escribir esta entrada es una crítica de la película Pacific Rim que vi en Milenio, pueden leerla completa aquí. También parece ser una semana de esas en las que todo se acomoda y gira en torno a un tema. Hace unos días el escritor Chuck Wending hablaba con sus seguidores en Twitter sobre las "mujeres fuertes" en la ficción y lo que esa etiqueta implica. Como respuesta llegó un adorable análisis de Sophia McDougall -el cual también adjunto aquí por si alguien le interesa-. En fin, como ya he explicado el contexto es hora de hablarles sobre mi propia perspectiva del tema y como me impacta, no sólo como una voraz lectora y consumidora de comics, cine, sci-fi y anexas, sino como escritora. 

De entrada habría que definir eso de "fuerte", nos queda claro que una mujer experta en el manejo de armas, entrenada en la milicia o en la artes marciales es fuerte en el sentido físico. Entonces ¿una madre soltera que trabaja a morir y además se toma tiempo para educar a sus hijos no es fuerte? ¡Claro que lo es! de una forma diferente, pero la fuerza no es sólo física, también puede ser emocional. Para mí un gran ejemplo de eso es Holly Kennedy de PD, Te amo, quien tras perder a su marido rehace su vida con la ayuda de misteriosas cartas que él parece enviarle desde el más allá. un momento... Holly se la pasa llorando, se queda encerrada en su casa y con una depresión terrible hasta que su familia la saca de su ensimismamiento... ¡bingo!, Holly tiene emociones. ¿Acaso sentir no es un derecho fundamental de cada ser humano?

Hay personajes femeninos que nunca blandirán una espada o molerán a golpes a un colega masculino, pero no por ello son débiles. A veces la fortaleza se demuestra en cosas cotidianas y simples. Lo que pasa es que a menudo la proporción de mujeres en filmes y series es tan reducida que una sola chica carga con el peso de representar a todo el género completo. Por desgracia, eso no sólo pasa en las pelis, también en muchos aspectos de la vida cotidiana. Algunas de mis amigas ingeniero deben estar a la defensiva todo el tiempo en una profesión que aún en pleno siglo XXI las trata como bichos raros en un mercado laboral dominado por hombres. 

Esto me lleva al famoso Test de Betchdel que trata de probar la gran desigualdad que se presenta en la TV, las películas, el teatro, etc. en cuanto a los personajes femeninos. Las reglas son muy simples, en la obra a estudiar deben aparecer al menos dos personajes femeninos y hablar entre ellas de cualquier cosa que no sea hombres. Parece sencillo, ¿no?,  aún así muchas películas no cubren esos requisitos (incluida Pacific Rim y muchas más de mis favoritas). Ojo, no estoy acusando a esas pelis de machistas, pero sí me parece que eso deja claro lo poco representadas que estamos las mujeres en los medios. Con tan pocas apariciones, no es de extrañar que no se cubra todo el complejo mundo femenino y debamos contentarnos con unos pocos arquetipos en pantalla.

Entonces, desembocamos en otro problema actual: por alguna extraña razón la gente pareciera esperar que una mujer "fuerte" no tenga que pedir ayuda para nada y de preferencia no demuestre ninguna emoción. Con esto vuelvo al caso de la dura crítica de Julieta Lomelí hacía Pacific Rim y cito:

"Una ‘casi heroína’, una delicada mujer, virginal, discreta, sumisa y respetuosa de la autoridad, tímida, una débil fémina, que siendo niña es salvada por un viril e inteligente líder mundial, y al ser adulta, termina enamorada de otro salvador, de aquél que extingue de una vez por todas a los extraterrestres clonados, el redentor que no sólo la salva a ella, sino a todas las de su género."

¡Los dioses nos asistan si un solado salva a una niña cuyos padres acaban de ser aplastados por un monstruo gigante y la adopta! Ella debería ser "fuerte" y no aceptar ayuda. Más escándalo aún si Mako es salvada por el hombre que la ama, porque una mujer "fuerte" no debería aceptar que nadie la ame y se preocupe por ella. Poco importa ser la mejor en su unidad o que el mismo Beckett reconozca sus habilidades y la vea como una igual, una compañera. Dicho sea de paso, si hay algo que el personaje de Mako jamás me pareció fue "delicada" o "sumisa" (y si en realidad fuera delicada ¿qué tendría de malo?).

De niña, uno de los primeros personajes femeninos que recuerdo haber admirado fue Jo March de Mujercitas. Se volvió uno de mis modelos a seguir, me parecía una mujer muy fuerte e interesante. No porque fuera un poco masculina o se pusiera al tú por tú con el adorable Teddy, no, se trataba de que Jo perseguía su más grande sueño y además se las arreglaba para mantener a flote a la familia March. Incluso vendió su cabellera que parecía ser "su único encanto femenino" para conseguir algo de dinero. Aún así, no era perfecta, tenía mal carácter y problemas con la autoridad, además estaba muy frustrada por cuidar a su vieja tía y sentir que no tenía el control de su vida. Había quienes ya la veían como una solterona a futuro, no obstante, Jo rechaza la ventajosa propuesta de matrimonio de Teddy y se va a cumplir su sueño. Si lo pienso en retrospectiva, lo que más me fascinó de ella -incluso a mis cortos 10 años de edad- fue que se trataba de una mujer que sabía bien lo que quería e incluso (en los libros siguientes de la saga) era amada por ser ella misma.

Como espectadora quiero una gama de personajes verosímiles, no máquinas de matar sin ningún defecto ni complejidad emocional. También quiero mayor cantidad de personajes femeninos muy diferentes entre sí, como lo somos las mujeres en la vida real. Como escritora creo que no es necesario escribir "mujeres" u "hombres" sino seres humanos completos más allá de su género. Parte muy importante de esa riqueza son sus emociones y defectos, no creo que ningún personaje (femenino o masculino) sea menos válido o interesante por pedir ayuda o dejarse querer, como tampoco lo es una persona en la vida real. Sería bueno prescindir de "fuerte" y cambiarlo por "real".

miércoles, 21 de octubre de 2009

Las chicas aman al fantasma, pero se quedan con Raoul (cinco buenas razones para no ser del montón)


Amo ese inmortal musical de Andrew Lloyd Webber, "El Fantasma de la ópera", incluso si el final de la obra no es mi favorito. Pueden llamarme loca o pervertida (y muy probablemente no se equivoquen) pero yo me quedaría con el Fantasma. Antes de que por sus mentes pase el común "no sabes lo que dices" les daré mis razones. Si por allí existe una mente tan enferma como la mía no me dejará mentir.

El Fantasma vs. Raoul

1.- El Fantasma es un genio de la música y las artes, Raoul es sólo una cara bonita, un niño rico sin mayor gracia.

2.- El Fantasma ama tanto a Christine que está dispuesto a matar e incluso dejarla ir con el otro tipo si eso la hace feliz. Raoul se la pasa jurando que protegerá a Christine hasta de su sombra, pero no duda en arriesgarla con tal de atrapar al Fantasma y reafirmar su orgullo de macho.


3.- Raoul es correcto, todo un caballero y un buen partido. El Fantasma es un verdadero amante que sabe de pasión.

4.- Raoul es querido por todos y nunca ha tenido problemas. El Fantasma ha creado su propio mundo en un lugar a parte de la sociedad (que tanto lo despreció tan sólo por la deformidad de su cara).

5.- El Fantasma desea que Christine explote su potencial y llegue a lo más alto. Raoul quiere llevársela y tenerla sólo para él.

No niego que el Fantasma tiene también un aire posesivo, pero ¿Se han dado cuenta de lo rápido que perdona a Christine aún cuando ella se larga con Raoul y lo traiciona? Cuando se trata de matar o morir él está al pie del cañón, incluso si eso implica arriesgarse en un teatro invadido de policías. Podrá ser obsesivo y loco pero de todas formas tiene ese algo que el niño bueno de Raoul jamás tendrá.