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sábado, 31 de agosto de 2013

Maternidad y otros milagros

Quienes me conocen personalmente ya saben mi opinión sobre la maternidad: a mis 28 años se me hace una locura. La verdad es que me cuesta mucho imaginarme como madre e incluso dudo severamente de mi capacidad para criar apropiadamente a un ser humano. En resumen, todo el proceso me parece aterrador, poco antojable e incluso acotaría que prefiero tener perros. A menudo, en la sociedad machista en la que vivo la mayoría de la gente me mira con desaprobación. Me tachan de grinch, radical, loca o en el "mejor" de los casos me dicen que soy una joven confundida que un día "entrará en razón". Lo cierto es que la mayoría de las veces se basan en un pedazo de mi opinión para juzgarme sin conocerla a fondo. Escribo esta entrada tan personal hoy porque acabo de enterarme que una de mis más queridas amigas dio a luz a un hermoso y saludable varón. La verdad es que soy la tía honoraria más feliz de mundo porque sé que ella lo deseaba mucho, además estoy segura de que será una madre excelente y casi no puedo esperar a conocer a ese pequeñito y verlo crecer sano y feliz. 

Para mí, la maternidad es un verdadero milagro, es el origen de la humanidad y por ende de todas sus maravillas -y una que otra atrocidad, pero ese es otro punto-. Es la base de todo, porque no podemos negar que la figura materna influye para bien o para mal en el resto de nuestras vidas. Yo en lo particular me considero doblemente afortunada, no sólo porque nací, sino porque además soy adoptada así que mi vida es en cierta forma un doble milagro. Justo por esa clase de poder que implica tener la vida de otro ser en tus manos, creo que no todas estamos capacitadas para ser madres, biología aparte. Si no tenemos el deseo, los medios y lo necesario para ejercer la maternidad lo mejor posible es muy válido no hacerlo. Aún si la naturaleza nos dio el equipo, parir es distinto de ser madre en todo el sentido de la palabra. en un mundo ideal una mamá te ama, cuida de ti y te hace desarrollarte como un ser humano pleno siendo tú mismo. Aclaro que es un ideal porque eso de ser mamá se aprende sobre la marcha y sin ningún manual, de ahí que cada quien da lo mejor de sí misma con diversos resultados. No quiero ser poco realista, sé que hay muchas malas madres también, pero en este post quiero centrarme en lo maravilloso y positivo de un nacimiento, no en lo negativo, de eso ya tenemos bastante diario. 

No sé si algún día mi opinión cambie, lo cierto es que la constante de todos los seres humanos es el cambio y eso a la vez muestra que vamos aprendiendo y madurando. Lo que sí sé es que cada mujer (y hombre, ser humano en general) debería ser capaz de decidir por sí mismo aquellas cosas que desea tener y realizar en la vida. De momento, tengo bien claras mis metas y por ahora la maternidad no es una de ellas. No obstante, que yo no lo quiera para mí no disminuye mi cariño por mis dos mamás y mi única abuelita viva. Tampoco mi felicidad desbordante por mis amigas quienes se unen a esta eterna canción de la historia humana trayendo al mundo personitas que, estoy segura, harán grandes y maravillosas cosas. Sigo admirando muchísimo a todas las mujeres que deciden ser madres, son igual de maravillosas, lo mismo la que se queda en casa para dedicarle el 100% de su tiempo al bebé que la que trabaja y se da espacio para balancear todo. Ese es otro punto de la maravilla de ser mamá, desde la mamá soltera hasta aquella que cuenta con el apoyo de su marido y decide quedarse en casa, todas la variantes y elecciones son fantásticas, ninguna vale menos que otra. Ese es el milagro de la vida: las diferencias que nos hacen únicos. 

Pero, honor a quien honor merece, hablemos del otro milagro: la paternidad. Esta vertiente es maravillosa, porque aunque ellos no se llevan el dolor del parto y las molestias físicas sí les toca mantener contenta a esa montaña rusa de hormonas que es la mujer durante el embarazo. También es un gran mérito porque va muchísimo más allá de "fabricar" al bebé, se trata de una figura importante, protectora y amorosa. La paternidad es también una vocación que implica noches sin dormir, cambiar pañales sucios, leer cuentos, inculcar valores... eso de los hijos es un trabajo de dos y es maravilloso ver a un hombre cargar con bebé o pañalera asumiendo su parte y responsabilidad. Aprovecho para recordar que así como hay maravillosas madres solteras -todo un epítome de fortaleza-, también hay padres solteros que crían hijos solos y son todos unos guerreros que merecen reconocimiento y admiración.

Ya lo ven, no soy una detractora de la maternidad en absoluto, es sólo que me parece algo demasiado sagrado como para rebajarlo o mundanizarlo. Porque da igual la decisión personal de cada quien la respecto, las maravillas están ahí para que todos podamos mirarlas y gozarlas directa o indirectamente. También esta mi tercer milagro: la adopción. Eso de tomar un bebé que no pariste o engendraste pero amarlo como tuyo encargándote de lo que sus padres biológicos no quisieron, supieron o pudieron hacer es también un acto de amor muy desinteresado. Creo que en realidad escribí este post porque quería hablar de amor y respeto, de la forma en que esas dos cosas mueven este mundo y claro, de mi último milagro del post: esta amistad tan maravillosa que me permite gozar la felicidad de mi amiga casi como propia. El mundo, a pesar de todas las cosas malas, sigue siendo un gran lugar. 

lunes, 17 de agosto de 2009

Consejos de batalla


No entiendo esta tristeza, de verdad que no. A ratos me parece como un parásito que se lleva lo mejor de mí. Una cosa es que el mundo grite, brame, enfurecido, con ansias de hacerte caer y la otra es que tú mismo te dejes derribar. No tengo motivos para sentirme así, pero sigo poseyendo el derecho de sentirme como me dé la gana. ¿Llueven besos del cielo y yo uso paraguas? El autosabotaje es tan temible porque es fácil. Prevalecer ante los demás es demasiado sencillo, la ciencia se encuentra en salir airoso cuando uno es su propio enemigo. Las personas estamos siempre llenas de las más dulces contradicciones, aquellas que nos hacen únicos y le dan sabor a la vida. Es así como llegamos a desear algo que después nos da tanto miedo obtener. Se trata tan sólo de estirar la mano y tocarlo, de abrir el corazón y dejar que te invada con aquella fuerza que sólo los sueños tienen. Desde luego, decirlo siempre es mucho más sencillo que hacerlo. Es una batalla diaria, pero no pienso perder ante mí misma (sin importar si soy un digno rival). No tengo idea de qué pasará o cómo, sólo sé que al final siempre habrá valido la pena haber estirado la mano y abierto el corazón para tomar sin reservas aquello que la vida me ofrece.

Un verdadero guerrero siempre está orgulloso de sus cicatrices. No sólo porque son la memoria de una batalla superada, sino porque ellas son prueba de que logró sobreponerse al dolor honrando así aquello que defiende. Cuando la muerte venga a segar tu vida, siempre será mejor que te encuentre lleno de cicatrices y no de "hubieras". Todo consiste en tomarte unos momentos para respirar profundo, escuchar a tu corazón, abrir los brazos y dar un salto de fe. No es fácil, nunca lo será, pero aquello que es difícil es lo que al final te dejará el mejor sabor de boca. La vida es una batalla en todo momento y hasta el último aliento. Se trata de confiar en el destino, pero nunca en el azar. Al primero hay que buscarlo, merecerlo y forjarlo, el segundo, en cambio, sólo viene a ti para someterte a sus caprichos. Al final, sólo tú puedes decidir.

IMAGEN: Ryan Kazuya